Construyéndose

No sin cierta picardía, como la que encierra y catapulta un oportuno guiño de ojo, titula Fernando López, pintor, ésta su exposición en nuestra Sala de la Demarcación en Albacete del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla La Mancha, “En construcción”.

El guiño apunta en direcciones diversas: por un lado, la obvia, la natural, la directa. Aquella que a cualquier arquitecto le hace pensar de inmediato en la obra de arquitectura, en el proceso constructivo por el cual la idea que el proyecto plasma, como un ideal a alcanzar, se convierte en realidad, se materializa literalmente, pues hace de los materiales las materias primas de sus fábricas y, parafraseando al Corbu, de sus dramas.

Es un entendimiento de la arquitectura que se remonta a Vitruvio: la arquitectura es el arte de construir. Y es el origen de una tradición, la del oficio del maestro constructor, que llega hasta nuestros días fuertemente respaldada por las aportaciones decimonónicas de los ingenieros y sus impresionantes obras civiles y, en la actualidad, por esa vertiente de la práctica profesional que confía al alarde tecnológico la capacidad esencial de la arquitectura para conmover que, en el caso del high-tech, se convierte más bien en capacidad para epatar.

Pero amén de la inmediata referencia a la obra de arquitectura que nuestro artista invitado provoca con el nombre de su muestra, “En construcción” es el título de una interesante película dirigida por José Luis Guerín y que este Colegio proyectó en la Iª edición de su Ciclo de Cine y Arquitectura, cabiéndonos el honor de contar con su artífice para su comentario y reflexión.

Tanto José Luis Guerín como Fernando López son muy conscientes de que la expresión “En construcción” remite a una acción que se está ejecutando. Para establecer un símil con los tiempos verbales, podríamos decir que “En construcción” es un gerundio, “construyéndose”, o, como dicen los franceses, un presente continuo. Un acto que no sabemos cuándo empezó, pero ya ha comenzado, y que no sabemos cuándo terminará, pero aún no ha acabado. Estamos en ello, dirían quizá los manchegos.

Es obvio que José Luis Guerín quiere manifestar, con la elección de este título para su bella película, que el proceso edificatorio encierra algo de eterno, algo que se construye sin cesar, algo permanentemente vivo, cambiante y en evolución. Para Guerín, evidentemente, construyen los operarios, pero también y además construye el vecindario del barrio que interactúa con la obra y construyen los futuros habitantes y usuarios de esa arquitectura, en su caso, residencial.

Bien. Para Guerín, construir es un proceso continuo. Se entiende. ¿Y para Fernando López? ¿Por qué nuestro artista albaceteño elige ese título para su obra, aparentemente acabada y bien acabada, y no otro? A mi parecer, porque para Fernando López el proceso de construcción de su obra es un proceso fundamentalmente activo. Y no me refiero sólo a la necesaria complicidad del espectador para poner en circulación el sentido de lo bello que activa el sentimiento de lo sublime. No. Eso se supone.

El dinamismo, la actividad, casi la dialéctica me atrevería a afirmar, en la obra de Fernando López se produce entre dos elementos apriorísticos a la obra de arte: el soporte, en principio, objetivo, y la aportación del artista, en principio, subjetiva. Fernando López está construyendo su obra desde el mismo momento en que, paciente, delicadamente, elige el soporte sobre el que va a plasmarla. Porque el soporte, en la obra de Fernando López, no es un objeto: es sujeto activo y casi, diría yo, determinante.

Este pintor, fundamentalmente de paisajes, convierte, en un primer acto creador, el soporte en aporte. Las tablas, las tablillas, los tablones, los palés, los cabeceros de viejas camas, los frentes de cajones, los listones de sillas, las vigas de demoliciones, etc., etc., se convierten en sus manos en interlocutores plenamente activos y válidos. Le dicen cosas. Se las susurran al oído. Y él, el pintor, se deja seducir por este sugerente rumor y escucha.

Escucha el concertante que las vetas de la madera ofrecen a su tacto, escucha las formas primitivas de los objetos que reutiliza, escucha las insinuaciones que la materia le brinda. Escucha y reelabora su propuesta con esas materias primas que acopia, materias que van mucho más allá, insisto, de los materiales.

La fuente de inspiración de la obra de Fernando López es, básicamente, el soporte, que deja así de so-portar para pasar a a-portar. Y lo hace no sólo en el momento primero de su elección y tratamiento. Lo sigue haciendo formando parte consubstancial, principalísima, de la obra que se presenta como acabada pero en cuyo seno late el debate, la oposición, el canto y el contracanto, entre lo aportado y lo soportado. Por ello mismo, a mi entender, su obra está permanentemente en construcción, construyéndose.

Es para la Demarcación en Albacete del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla La Mancha un placer albergar la muestra que este Catálogo recoge primorosamente. Porque, además de sus cualidades plásticas y estéticas, nos recuerda que el acto de construir, como el de vivir, es un acto que se reinventa sin cesar, sin tregua… o no es.

Felicidades, pues, Fernando. Y gracias. Y ¡suerte!

Albacete, el primer día del otoño de 2007

ELIA GUTIÉRREZ MOZO

Doctora Arquitecta

Vocal de Cultura de la Junta Directiva de la Demarcación en Albacete del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla La Mancha

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