Cultivar la ausencia

“Los recuerdos no son más que números

en un mapa, memorias vacías que constelan los terrenos intangibles en proximidades suprimidas.

Es la dimensión de la ausencia lo que queda por descubrir… El Yucatán se encuentra en otra parte.”

ROBERT SMITHSON


Está bien, lo reconozco, no hay relación alguna entre el Inventario y las Ruinas del Jardín de las Delicias, porque lo común de ambos está ausente. El paisaje del lugar real  y el escenario del cuadro del Bosco tampoco se relacionan porque este último es imaginario, aunque el propio concepto de paisaje sea una construcción mental, y el inventario esté tan deshabitado como las Ruinas del Jardín, que son el resultado de la ausencia.

Por supuesto tampoco hay relación, entonces, entre la imagen del lugar visto desde el espacio, un día cualquiera, y la obra del Bosco. Ninguna relación, excepto quizás, la de estar reunidas ambas en un mismo trabajo subjetivo, invocando al azar a los espíritus de las personas ausentes, mediante el sentimiento y el paisaje. Estas ausencias; las de los antiguos usuarios o fabricantes de los objetos de madera, o el propio pintor renacentista (y la de sus múltiples criaturas del Jardín) ausente por ser tan presente, son las que acuden a deshabitar el Inventario. Estas ausencias, reflejadas en el fragmento especular, incluso constituyen el cuerpo de este inopinado conjunto (el Jardín del Bosco al reflejarse en semejantes fragmentos quedó completamente deshabitado).

Una casa se hace real cuando se habita. Una ruina es (o será) cuando se deshabita, lo que nos sitúa en una creciente ausencia, que no será otra cosa que la presencia del paisaje. En definitiva, la contemplación de una Naturaleza en la que acabaremos disolviéndonos, convirtiendo por fin nuestra ausencia en presencia continuada.

 

FERNANDO LÓPEZ

 

Anuncios

Los comentarios están cerrados.