La pintura lluviosa de Fernando López

Mayo de 2001. No sé por qué, pero la pintura, la obra “ruinosa” (1988-2000), de Fernando López, me sugiere la lluvia. Tal vez a ello contribuyan los chubascos de estos días, contrastados con fuertes soles. Y también, cómo no, creo que reafirman mi opinión los árboles que –me atrevería a decir–, casi “retrata” López en las “ruinas” (material de desecho sobre el que pinta, como pieceros de cama, biombos, mesas camillas, tapas de barriles de vino, o de roperos), un material que –no es el único–, siempre encuentra entre las basuras, en las calles de muy diversos lugares y que, en su caso, perfila y trata debidamente hasta conseguir objetos artísticos.  Las “Ruinas” de Fernando López, avaladas por el controvertido Fernando Arrabal, muestran desde dibujos a lápiz compuesto y carbón sobre papel, hasta óleos sobre el más variado pelaje de soportes.  Hasta una tabla de planchar utiliza el autor para su pintura. Una tabla de planchar que, aquí, evidentemente no puede planchar otra cosa que no sean  paisajes y/o pasajes de paisajes. López, en efecto, parece planchar sus paisajes lluviosos, casi siempre sobre madera, casi siempre como expectantes a ser descubiertos, toda vez que se reflejan en las aguas de Riópar, sus parajes preferidos. Así lo atestigua la imagen de satélite de esa localidad, tomada el 27 de junio de 1998, que he tenido ocasión de ver con zoom en ordenador, como otras obras de la zona tituladas “Ruinas del Laminador”, “Gallinero´s Rock”, “Nacimiento de Arroyo Frío”, “Panorámica del Calar”, o “Rioparlandia”. Lo mismo puedo decir (experiencia inédita para mí, la del ordenador), de “El jardín de las delicias” de El Bosco, pintor del que mucho gusta Fernando López, y que está de forma muy clara en sus dibujos a lápiz y óleos de su tríptico-biombo Homenaje al Bosco.

En fin, podría hablar pues de una pintura lluviosa –valga el término–, sin en absoluto ser crítico de la materia ni saber los “trucos” de F.L. a la hora de ajustarse a los nudos de la madera que trabaja. Eso, al fin y al cabo me da igual, ya que lo que importa es que me parece una obra sugerente y, le deseo a este artista plástico,  con futuro. Que tarde más o menos tiempo en hacerla, es lo de menos. A mí me interesa el producto final: que las piedras y árboles  “ruinosos”  del pintor me lleguen y, por ejemplo, me transmitan una sensación de tranquilidad, de las aguas remansadas de un supuesto cuadro del Giorgione, “La tempestad”. Lo demás, insisto, me da igual. Con permiso o no del creador del XVI, del propio López, o de la albaceteña Sierra de Alcaraz.

 

NICASIO SANCHÍS

 

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