Presentación del libro “Inventario”

El presente libro no se agota en su función de catálogo de la obra de Fernando López -aunque, por supuesto, lo es- porque se ha convertido en una colección de visiones, desde multitud de puntos de vista, sobre el arte que tienen como excusa o, mejor, como motivo la obra de este pintor albaceteño.

Y es que la producción de F.L. tiene esa curiosa característica: conduce a reflexionar sobre el trabajo artístico. ¿Qué importancia tiene la pintura? ¿Cumple alguna función social? ¿Cambia en algo la forma de percibir el mundo? ¿Un cuadro se agosta en la contemplación? ¿Hay algún mensaje en la elección del tema, del soporte o la técnica? Los autores de los textos, y el propio artista, han intentado dar respuesta a estas cuestiones desde distintas perspectivas y es por ello que el texto se ha convertido en un libro de arte.

Además no se oculta tampoco a lo largo de las palabras y las imágenes una serie de propuestas que abarcan la estética, la ética y la metafísica, en cuanto formas de representación, de interpretación y de actuación en el mundo y la época que nos ha tocado vivir.

No se puede obviar el papel que cumple la zona de la sierra albaceteña de Riópar en el trabajo del artista, como determina cada una de las piezas que F.L. elabora, o la importancia que tienen los soportes elegidos para transportar los paisajes de ese entorno.

Como se puede comprobar a lo largo de las páginas del libro nos enfrentamos a un inventario de ruinas que conforman todas ellas un inmenso cuadro interminable que nunca puede llegar a agotar la descripción exhaustiva y en ello ganamos los contempladores, ya que si de otra forma fuera la labor de Fernando López estaría concluida y nos veríamos privados de la sorpresa que supone cada una de sus exposiciones.

El término “ruinas” es un descubrimiento de F.L. y hace referencia directa a los soportes que utiliza para sus pinturas. Se trata de restos de armarios, mesillas de noche, bovinas de cable, mesas, etc., objetos despreciados por sus propietarios después de haber cumplido su función y relegados a la basura de donde son rescatados por Fernando López para devolverles algo del orgullo que tuvieron antes de ser arrancados de su entorno: la Naturaleza.

Por último, es preciso señalar que estamos ante un artista importante y serio que se sale de la tremenda arbitrariedad que planea en la actualidad por el mundo del arte y tenemos la suerte de que pinte paisajes de nuestra tierra y que éstos sean el vehículo de transporte de un lenguaje universal.

GREGORIO SALVADOR

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