The waste Land, una visión colectiva del paisaje

Tres miradas diferentes y diferenciadas:

Sebas, Juan Paños y Fernando López

“Me encuentro con el paisaje. Como hay un idioma materno
que te enseña a nombrar las cosas, hay un paisaje materno,
con el que aprendes a ver el mundo.

Luego conoces más lenguas y más paisajes
y pueden ser más bonitos, pero ninguno te parece mejor.
Éste es el espejo en el que me empecé a mirar cuando era pequeño”
Julio Llamazares

Existe una gama amplia de miradas, diversas y diversificadas, sobre cuanto nos rodea. Las miradas plásticas, las de los artistas, son  miradas que se centran en un punto concreto o miradas que prefieren captar toda una panorámica visual. Pero su interés no se limita en la opción del encuadre, sino que pretende algo más: ofrecernos el entorno como algo singular, sustentado en la propia singularidad del artista. Esas miradas suelen manifestarse en lo que se ha dado en llamar artísticamente paisaje. El paisaje es un holgado concepto. Si hacemos caso a la Real Academia Española, el vocablo cuenta con tres acepciones: una, extensión de terreno que se ve desde un sitio; dos, extensión de terreno considerada en  su aspecto artístico, y tres, pintura o dibujo que representa cierta extensión de terreno. Como puede observarse, aquí lo más importante es la extensión de terreno, alrededor de la cual gira una óptica que permite su visión desde un determinado punto. Ese punto puede ser el punto de vista del artista y, en ese caso, la observación puede tener matices artísticos y convertirse en pintura o dibujo y, por qué no, en escultura o en fotografía. Aquí lo que más nos interesa es la mirada del pintor o del fotógrafo, del dibujante o del escultor.

 

Sebas se centra en las pequeñas cosas de la Naturaleza. Busca elaborar seres del mundo vegetal con materiales diversos, quizá hallados en sus paseos por el campo. Desde flores a árboles, todo pasa por su tamiz y lo exhibe recordando algunas producciones de lo que se definió como art povera, arte pobre. Un arte, el de Sebas, más que pobre en recursos, pobre en solemnidades. Porque lo suyo no es la apariencia ornamental, sino la simplicidad con que materializa sus modelos. A veces se manifiesta con formas un tanto minimalistas y el carácter representacional que parece presidir su trabajo se hace abstracto, ambigüo y, curiosamente, sugerente al mismo tiempo, como una referencia a la verticalidad conque han sido generadas algunas de sus piezas cuyo objetivo no sé sabe muy bien si es señalar los cielos o dejar bien sentado su arraigo en las tierras. En el fondo, Sebas no hace sino interpretar el paisaje que conoce y lo hace con resultados tridimensionales.

Juan Paños es más directo. Sin artificios, se enfrenta a un cosmos de soledades, en donde se aprecia una idea de desolación, de abandono, incluso de muerte. Hasta en el caso de las imágenes de la ciudad -ciudad de suelo asfaltado y señalizado con pintura de perfectas formas, ciudad de automóviles debidamente aparcados-, deja clara la ausencia de movimiento y nos sugiere que nos hallamos ante un lugar deshabitado. Y no digamos nada de las imágenes tomadas en el campo, un campo llano, yermo, a veces flanqueado por montañas, que permite instalarnos en tierras manchegas, interrumpido a veces por grúas de la construcción, por huellas de ruedas de vehículos diversos, por torres y cables del tendido de alta tensión. Fotografía rural, sin personajes, con cierta desolación, en contraste con un mundo de alta densidad demográfica. Creo que la serie, por si había alguna duda, ha sido titulada con el nombre de Wastetland que se traduce por Tierra  desaprovechada o País echado a perder.

La serie de Fernando López es una serie sobre un único paisaje, el de los pinares del Júcar, en la que el artista lleva trabajando más de un año. “Aquí –explica el autor- es el soporte en su fusión con el paisaje, siempre el mismo, el que crea la singularidad de las piezas.” Con este propósito, nos conduce por un universo paisajístico concreto sobre maderas recuperadas del abandono del contenedor. Maderas que orientan al pintor el camino plástico a seguir, en un diálogo ampliado con los materiales por medio del cual se alcanza la pieza definitiva. Unas veces será la propia naturaleza de la madera -su rugosidad, sus vetas, su calidad, su color- la que propiciará la obra. Otras, centrará su atención en el trabajo artesano al que fue sometida la maderas; trabajo que será respetado, aunque sacado de su contexto, para sustentar la idea plástica que conducirá a la solución definitiva. Existe una evocación del object trouvé, cuyo creador fue Marcel Duchamp.

 

En definitiva, una colectiva que permite acercarse a tres miradas diferentes y diferenciadas acerca del paisaje; una colectiva cuyo común denominador es el terreno que sirve de modelo y su extensión alojada en una geografía bien definida, quizá el espejo donde empezamos a mirarnos de pequeños.

 

Rafael Prats Rivelles

L’Eliana (Valencia), cercana la primavera de 2009

 

 

 

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