Yo es que no entiendo de pintura

La pintura moderna no sólo es un arte sin espectadores, sino que es un arte que está orgulloso de no tenerlos. La pintura moderna no sólo no la entiende nadie, sino que su mayor orgullo es que nadie la entienda. Y tal vez tenga buenos motivos para ello, pues su supervivencia depende justamente de que nadie la entienda. Cualquier persona de mediana cultura, capaz de emitir un juicio razonado sobre una película o una novela se siente paralizada y acomplejada ante esos cuadros modernos que en realidad empiezan a tener ya un siglo y cuyos autores viven precisamente de acomplejar a las personas normales.

El gran éxito de cierta pintura moderna ha sido conseguir que el 99 por ciento de la población mundial haya pronunciado alguna vez la frase Yo es que no entiendo de pintura. Tiendo a pensar que son los pintores los que no entienden de personas y por eso pintan lo que pintan. Mi consuelo es la convicción profunda de que el arte que ha sido adorado a lo largo del siglo veinte por el 1 por ciento de la población y aceptado a la fuerza por el acomplejado 99 por ciento restante será olvidado en el siglo XXI, que se preguntará perplejo cómo diablos pudo la intelectualidad del planeta admirar ciertas cosas.

Cumplido, pues, el precepto general de la crítica de hablar mal de todos para resaltar las virtudes del artista comentado, me limitaré a precisar que considero a Fernando  López un pintor normal, en el sentido de que pinta cosas que pueden interesar al 99 por ciento de la gente normal. Fernando López pinta la sierra, no la fotografía, de manera que cuando pinta la sierra, la sierra ya no es la sierra, es un territorio misterioso, en ocasiones un tanto sepulcral, pero en todo caso siempre distinto del que uno ve cuando viaja a los lugares pintados. Hay una cosa que Fernando López no pinta: no pinta cuadros alegres. Es obvio que la alegría como tema artìstico no le interesa. Le interesa la naturaleza sombría, o mejor dicho, recrear como sombría una naturaleza que no lo era antes de él se pusiera a pintarla de esa forma.

A mí me gusta y me interesa la obra del pintor Fernando López porque ante ella incluso yo entiendo de pintura, porque ante ella cualquier persona normal se siente cómoda y libre, sin complejos. Y me gusta también porque sus obras recrean la sierra, es decir, de algún modo la modifican al pintarla, de manea que la sierra ya no es la misma que era antes de: 1) ser pintada por el pintor,  2) ser contemplada por el espectador y 3) vuelta a contemplar de nuevo por ese espectador reconvertido en viajero.

Todo arte medianamente certero tiene esa cualidad un poco mágica de transformar lo que toca en otra cosa. Pintores como Fernando López acabarán, si se lo proponen, con la frase vergonzante Yo es que de pintura no entiendo de la que tan orgullosa está la pintura moderna que tanto tiene de moderna y tan poco de pintura.

 

ANTONIO AVENDAÑO

 

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